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El segundo tercio
de la lidia tiene un origen relativamente
moderno ya que fue Francisco Montes Paquiro,
quien por 1830 lo formalizó para uso y
lucimiento exclusivo de los banderilleros, algo
que antes tampoco existía, pues era lo
corriente que picadores, vara en ristre, y
rehileteros, banderilla en mano, compitieran
entre sí por atraerse la atención del toro en
una mezcolanza de suertes, hoy ordenadas en
tercios gracias a la secuenciación de la lidia
debida a Paquiro.
Objetivo:
Suerte vistosa que
pretende alegrar la embestida del toro,
cambiando su arrancada corta y a bulto seguro de
la suerte de varas en otra a mayor distancia y
sobre un hombre a cuerpo limpio que parece
huirle, aunque a la postre trueque la huida en
burla. Desde una perspectiva técnica, el tercio
de banderillas sirve para que las reses acaben
mostrando todo aquello que apuntaran en varas y
cómo embestirán en la muleta.
Descripción:
El tercio de
banderillas, o segundo tercio, comprende desde
la finalización de la suerte de varas –una
vez que los picadores han abandonado el ruedo–
hasta que el Presidente ordena el toque de
clarín para que finalice el tercio, después de
que se le hubiesen colocado al toro no menos de
dos ni más de tres pares de banderillas.
Cambiado el
primer tercio, los dos peones encargados de
banderillear, marchan a la barrera para cambiar
el capote por las banderillas. De allí se
dirigirán a los medios del ruedo en tanto que
el lidiador (tercero de la cuadrilla) se ocupa
de colocar al toro para la suerte.
Lugar. El
lugar idóneo para banderillear una res viene
dado en función de las condiciones que ésta
presente, aunque es habitual dejarla colocada en
el tercio, sobre la segunda raya de picadores,
de forma que no esté demasiado cerrado en
tablas para que no haga problemática la salida
de la suerte en caso de perseguir al
banderillero, ni demasiado abierto que no haga
comprometido llegarle a la cara. Es misión del
lidiador: colocar el toro con el mínimo número
de capotazos y de forma que el último de ellos
deje al toro en la posición adecuada para que
el banderillero pueda entrar a parear
correctamente, lo que viene condicionado porque
el banderillero sea derecho o izquierdo, según
realicen la suerte yéndose por el lado derecho
o izquierdo del toro. El último capotazo debe
darlo el lidiador hacia el lado por el que
entrará el banderillero para que el animal
salga de él girando hacia el lado contrario del
que aquél utilizará para entrar. No hacerlo
así supone darle al toro toda la ventaja y
dejar al banderillero con la salida tapada.
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