La preponderancia del toreo a pie fue la que dio lugar a las plazas de toros tal y como hoy las conocemos. Cuando las fiestas de toros eran protagonizadas por caballeros que alanceaban toros desde sus cabalgaduras, el escenario eran las calles o plazas de la ciudad convenientemente cerradas y provistas de gradas desde las que la multitud podía presenciar el espectáculo.

Más tarde, los planes urbanísticos de las ciudades incluyeron la construcción de plazas públicas con dimensiones y balconajes más apropiados para acomodar a la masa que acudía a presenciar el espectáculo. Un ejemplo valido es la Plaza Mayor de Madrid, construida en 1617.

La forma cuadrangular de las plazas mayores se torna poco apropiada para la lidia de un toro a pie, ya que el animal tiende a buscar refugio de aquerenciarse en las esquinas. De ahí que, poco a poco, se sienta la necesidad de construir recintos taurinos que eviten esos rincones, y de situarlos además en las afueras de la ciudad para facilitar el acceso y desalojo del público y evitar los tumultos que se organizaban en el corazón mismo de las ciudades.

Un primer ejemplo de plaza independiente de la ciudad es la Real Maestranza sevillana. Ya en 1707 se tienen noticias de una plaza de toros cuadrangular de madera construida en el barrio del Arenal a las afueras de Sevilla, coso que se sustituye por otro, también de madera pero esta vez circular, en 1733.

La construcción de estos cosos circulares está inspirada en los circos romanos. Las plazas suponen un retorno a las formas de construcción de la civilización romana, alimentado, sin duda, por las cercanas ruinas de Itálica y Mérida, además de las más lejanas de los circos franceses de Nîmes y Arles, donde todavía hoy se celebran corridas de toros. Un ejemplo notable de esta influencia, aunque algo posterior en el tiempo, fue la plaza de toros de Valencia (España) erigida en 1859.

El nombre de "plaza" con el que hoy conocemos a los recintos taurinos viene del escenario donde se desarrollaban los primitivos espectáculos, la plaza amplia, céntrica y bien situada en la ciudad, cerradas sus bocacalles, donde la multitud se reunía para disfrutar de las corridas.

Hasta llegar a los circos de fábrica se experimenta el siguiente proceso evolutivo: primero se habilitan porches y balcones en las plazas para acomodar a los asistentes, más tarde se levantan andamios o graderíos, y pronto se ve la necesidad de construir circos de madera, espacios cerrados dotados de un respetable aforo y contando con instalaciones y servicios secundarios. El siguiente paso sería dotar de mayor firmeza y solidez a estos edificios, así aparecen construcciones de cal y canto y, luego, de otros materiales más nobles y resistentes. Este fenómeno se produce a mitad del siglo XIX.

Si bien Sevilla sienta un precedente importante, porque la Real Maestranza de Caballería fue la primera en ordenar la construcción de un coso en las afueras, la primera plaza de fábrica que se construye es en Madrid, a las afueras de la Puerta de Alcalá, inaugurada en 1754 (la construcción de la Real Maestranza de Sevilla tal y como hoy la conocemos se acometió en 1761).

Posterior a ambas es la Real Maestranza de Ronda (Cádiz), que data de 1785. Otros cosos primigenios son los de Zaragoza (1764), Aranjuez (Madrid, 1796), Cádiz (1802) y El Puerto de Santa María (Cádiz, 1880).

En la primera mitad del siglo XIX las principales capitales de provincia construyen sus plazas de toros.

 

 

 

Grabado del Siglo XVIII PLAZA

 

Real Maestranza de Caballería de Sevilla   PLAZA

Monumental de Las Ventas PLAZA