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SUERTE
DE CAPA RECIBO
Nada
más aparecer el toro por la puerta de
toriles, el objetivo de la lidia es pararlo.
Aunque antiguamente aparecía pronto el
banderillero -que corría al toro
habitualmente a una mano, hoy son, por lo
general, los propios matadores quienes paran a
los astados. Se ha cambiado la eficacia,
llevar al toro largo y prendido en los
capotes, por la estética, debido a la propia
evolución del toreo y de la lidia en sí. La
suerte de recibo más extendida en la
actualidad es la verónica.
Muchas
de las suertes de recibo se podrían ver luego
en el correspondiente tercio de quites, así es
que a continuación se explicarán las más
usuales suertes que los matadores practican para
recibir al toro. Después, en el apartado
correspondiente a los quites, veremos otras que,
si bien pueden verse también nada más salir el
toro, su práctica es más frecuente una vez
ahormada la embestida del animal en el caballo.
Verónica:
denominada
así porque, según José María de Cossío, el
torero presenta el capote de la misma manera que
Verónica presentó ante Jesucristo el lienzo
sagrado. Su invención se atribuye a
Costillares. Con el compás abierto o a pies
juntos, con una rodilla en el suelo o con ambas,
la verónica es la reina de las suertes de
recibo. La definición estricta sería: lance de
costado consistente en esperar el lidiador la
acometida del toro, teniendo la capa extendida
sujeta con ambas manos, la pierna por el lado
donde se da salida al toro adelantada, para
cargar la suerte y acompañar el viaje.
Lance
a pies juntos:
para
torear a pies juntos, al igual que con el
compás abierto, al toro se le echa el capote
delante, para traerlo enganchado con los vuelos.
Cuando el toro toma el capote, el torero, dando
el medio pecho, va girando la cintura y en
muchas ocasiones los talones, acompañando el
recorrido del animal. Así lo han hecho los más
excelsos representantes del toreo a pies juntos,
como Pepe Luis Vázquez.
El
delantal:
el
nombre viene porque el capote se coloca muy
ceñido al cuerpo, debajo de la cintura, de la
misma manera que se coloca uno un delantal. Si
en la verónica se sacan el capote y los brazos
para fuera del cuerpo, para llevar al toro lo
más largo y toreado posible, en el delantal
ocurre lo contrario. El torero se coloca dando
el pecho con los pies juntos. Cuando el toro
mete la cara en el capote, el torero invierte y
saca la mano, le quita al toro el capote de la
cara y mete los brazos hacia dentro, a la vez
que se echa el cuerpo hacia delante si el animal
se ha desplazado en demasía, logrando así una
mayor reunión.
Larga
cambiada a porta gayola:
el
torero se coloca frente a la puerta de chiqueros,
guardando las distancias, en el momento justo en que
va a salir el toro. Al animal se le debe fijar y
llamar su atención, a la vez que se coge el capote
con ambas manos, pues el torero no sabe aún por qué
lado embestirá finalmente el toro. Cuando el astado
ya está fijo, el matador esperará a que meta la cara
en el capote, en los vuelos. Entonces el matador
soltará la mano que no torea, pasará la otra por
encima de la cabeza dando la vuelta al capote e
intentará hacer la suerte lo más lucida posible. La
larga cambiada de rodillas también se puede dar en el
tercio. Su ejecución es similar, si bien el matador
deberá situarse más fuera de la trayectoria del
toro, para que el animal se venga de dentro a afuera.
Larga
cambiada de pie:
es una
suerte que se practicaba mucho antes, pero que hoy
está en desuso por la evolución de los gustos.
Farol
de rodillas:
el
torero se coloca de frente al toro, normalmente de
pie, aunque puede arrodillarse ya en el momento de
citarle. En el momento en que el toro hace el gesto de
humillar, el torero gira el capote (del rosa al
amarillo) y lo hace volar por encima de la cabeza sin
soltar las manos, girando el torero sobre sí mismo,
haciendo que el animal pase por su espalda.
Farol
de pie: la
diferencia fundamental entre el farol de
rodillas y el de pie, además de la obviedad, es
que en éste las piernas están juntas, mientras
que en el de rodillas, lógicamente, las piernas
deben estar separadas para balancear el torso
manteniendo el equilibrio.
El
salto de la garrocha:
única
suerte de recibo que no se hace con el capote y hoy en
desuso. El torero llama al toro con la vara un poco
levantada, en postura parecida a la de los saltadores
de pértiga, con una mano atrás y otra más
adelantada. Cuando el toro se acerca y humilla, se
echa el palo adelante, siempre entre los dos pitones,
y se salta por encima. Lo perfecto es que el toro no
tropiece con la vara, sino que el propio impulso del
torero debe levantarla antes de que el astado llegue a
tocarla, lo cual es difícil.
Fuente: extraída de www.mundotoros.com
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