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Lunes 23 de Octubre de 2017

Hipismo

Foto cortesía
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Hipismo

"La vida nos cruzó en una esquinita de Calder"

Domingo 13| 7:58 am


Richard Quiñónez y Carlos Vierma Saavedra

Ramón Alfredo Domínguez y Javier José Castellano llegaron a la costa del sur de Florida como una tormenta tropical de esas que azotan cada cierto tiempo esta área de Estados Unidos, y con el pasar de los años se convirtieron en feroces huracanes que arrasaron con todo lo que el hipismo más importante del planeta les pusiera por delante como reto.

Ambos jinetes, uno caraqueño y el otro zuliano, llegaron a lo más alto que se puede llegar en cualquier deporte profesional, el Salón de la Fama. Domínguez lo hizo en 2016 luego de ganar 4.985 carreras. Javier Castellano ingresó al Olimpo del hipismo estadounidense en agosto de este mismo año, con 4.737 triunfos y contando ya que aún se mantiene activo y en plan es-telar.

Pero detrás de esta hazaña deportiva está una historia de una amistad, de una admiración mutua y de un respeto inobjetable. Ramón Domínguez cuenta cómo fue su primer encuentro con Castellano y al hablar del zuliano, su tono de voz se eleva, la conversación telefónica se hace más nítida, la emoción y el orgullo son notables: “Yo llegué primero a EE. UU., en 1996. Comencé a montar en el hipódromo de Hialeah y luego en Calder, no monté mucho en Venezuela. Un año después, en 1997 llegó Javier. Recuerdo que fue en el hipódromo de Calder donde coincidimos, nos colocaron nuestros lockers juntos en una esquinita del recinto de jinetes. Podría decir que la vida nos cruzó en esa esquinita de Calder. Él desde su llegada mostró su talento, al punto que destacó rápidamente y comenzó a recibir mejores oportunidades que yo”, esta afirmación de Domínguez se puede evidenciar en los números finales de ese año de 1997. Javier Castellano terminó con 83 victorias, mientras que Domínguez sumó 72 aunque con ligera ventaja en la producción monetaria.

Javier Castellano no duda en calificar a Ramón Domínguez como un gran amigo, un ejemplo y un hermano: “Ramón ha sido y sigue siendo un gran amigo, lo considero como un hermano. Desde que llegué a Estados Unidos conté con su apoyo. Es una persona muy educada y respetuosa, todo el mundo siente un gran respeto y una gran admiración por él. Se lo ha ganado no solo como jinete, sino como ser humano. Fue un privilegio tenerlo siempre como referencia”, aseguró el zuliano, quien recibió de manos de su amigo Ramón Domínguez y del boricua John Velázquez la placa que está ahora en el museo del Salón de la Fama de Saratoga y que lleva su nombre.

17 años de protagonismo. Desde ese año de 1997 hasta 2013 cuando Ramón Domínguez se ve forzado a retirarse a causa de una severa lesión originada por una rodada, ambos jinetes venezolanos coparon la escena. En cada temporada se superaban en cuanto a triunfos, carreras importantes y dinero producido. Para Domínguez, 2001 fue su año de explosión. Gana 433 carreras y supera la barrera de los 10 millones de dólares en producción monetaria. Pero es en 2004 cuando se hace notar con su triunfo en la Breeders’ Cup Turf con Better Talk Now.

En 2009 Domínguez tiene un año sensacional, gana 391 carreras y produce sobre los 18 millones de dólares, es uno de los finalistas el premio Eclipse Award, pero se lo otorgan a Julien Leparoux. En los tres años siguientes el premio que acredita al mejor jinete de EE. UU., el Eclipse Award, recaería en manos de Domínguez. A pesar de todos estos éxitos, al preguntarle si alguna vez pensó en llegar al Salón de la Fama su respuesta es contundente: “Nunca. Uno nunca está preparado, ni considera tener los suficientes méritos para estar en el Salón de la Fama, es algo para lo que no estás preparado mentalmente”.

A la sombra del campeón. Mientras Ramón Domínguez se llevaba todos los méritos y alcanzaba tres Eclipse Awards consecutivos, Javier Castellano tallaba una carrera tan exitosa como la del caraqueño. En 2004 superó la barrera de los 10 millones de dólares en producción. En 2006 se lleva el Preakness Stakes, segundo paso de la Triple Corona Norteamericana a bordo de Bernardini. 2012 y 2013 fueron años gloriosos, produjo 22 millones y 26 millones de dólares respectivamente, y solo la presencia de Domínguez le impidió levarse el “Eclipse”. En 2015 impuso un récord histórico en producción monetaria para una sola campaña al superar los 28 millones de dólares.

Luego del retiro de Domínguez en 2013, el zuliano Javier José Castellano se hizo heredero del “Eclipse” y lo ganó en cuatro temporadas consecutivas. Y en esta que transcurre está en la batalla por su quinta estatuilla. A pesar de estar a la sombra de Domínguez durante varios años nunca se rindió: “El tiempo de Dios es perfecto, yo solo hacía mi trabajo con humildad y profesionalismo, delante de mí estaba Ramón, un gran jinete y mi gran amigo, nunca me sentí incómodo o decepcionado”, aseguró el zuliano.

La llamada. Ramón Domínguez tiene un léxico muy fluido, es muy fácil visualizar o imaginar lo que verbaliza. Cuenta el caraqueño que recibió una llamada de alguien que trabaja para el Salón de la Fama: “No recuerdo exactamente quién fue quien me llamó. Estaba en casa y atendí el teléfono: ‘Ramón, acaban de aprobar el ingreso de Javier Castellano al Salón de la Fama’, me dijeron. Fue muy emocionante, enseguida llamé a Javier y lo felicité, él se sorprendió un poco con mi llamada y me dijo, te enteraste antes que mi esposa. Como siempre, él echando broma”, Esta anécdota de Domínguez queda reflejada en el discurso de Tom Durkin durante la presentación de Castellano en el acto de Exaltación. Durkin, el más famoso narrador hípico de Norteamérica, dijo: “Javier Castellano no solo es un extraordinario jinete, sino además es un gran entretainment”, traducido al criollo antiguo: “Es un jodedor”. Hacía referencia Durkin al evento previo a la ceremonia en la que los jinetes montaron un show, karaoke incluido, a beneficio de una fundación.

Ese 4 de agosto de 2017, en el podio del museo del Salón de la Fama del hipismo norteamericano, en Saratoga, Nueva York, quedó sellada la carrera profesional de Javier Castellano al recibir su exaltación, ya un año antes le había tocado el turno a Ramón Alfredo Domínguez, pero además quedó consagrada una amistad que tiende a hermandad, enlazada en el amor a Cristo que ambos profesan como buenos cristianos. Queda ese momento como uno de los más importantes en la historia del deporte venezolano, en cuanto a individualidades.

Hoy día, Ramón Domínguez maneja sus negocios fuera del hipismo, pero hizo un anuncio: “Muy pronto van a tener noticias sobre algo importante relacionado con el hipismo en lo que estoy trabajando”; por su parte, Javier Castellano sigue siendo noticia cada semana con sus triunfos y está a la caza de su quinto Eclipse Award, algo que no ha logrado ningún jinete desde que se entrega este premio. El huracán Javier sigue causando estragos.

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Hipismo

"La vida nos cruzó en una esquinita de Calder"

Domingo 13| 7:58 am

Richard Quiñónez y Carlos Vierma Saavedra

Ramón Alfredo Domínguez y Javier José Castellano llegaron a la costa del sur de Florida como una tormenta tropical de esas que azotan cada cierto tiempo esta área de Estados Unidos, y con el pasar de los años se convirtieron en feroces huracanes que arrasaron con todo lo que el hipismo más importante del planeta les pusiera por delante como reto.

Ambos jinetes, uno caraqueño y el otro zuliano, llegaron a lo más alto que se puede llegar en cualquier deporte profesional, el Salón de la Fama. Domínguez lo hizo en 2016 luego de ganar 4.985 carreras. Javier Castellano ingresó al Olimpo del hipismo estadounidense en agosto de este mismo año, con 4.737 triunfos y contando ya que aún se mantiene activo y en plan es-telar.

Pero detrás de esta hazaña deportiva está una historia de una amistad, de una admiración mutua y de un respeto inobjetable. Ramón Domínguez cuenta cómo fue su primer encuentro con Castellano y al hablar del zuliano, su tono de voz se eleva, la conversación telefónica se hace más nítida, la emoción y el orgullo son notables: “Yo llegué primero a EE. UU., en 1996. Comencé a montar en el hipódromo de Hialeah y luego en Calder, no monté mucho en Venezuela. Un año después, en 1997 llegó Javier. Recuerdo que fue en el hipódromo de Calder donde coincidimos, nos colocaron nuestros lockers juntos en una esquinita del recinto de jinetes. Podría decir que la vida nos cruzó en esa esquinita de Calder. Él desde su llegada mostró su talento, al punto que destacó rápidamente y comenzó a recibir mejores oportunidades que yo”, esta afirmación de Domínguez se puede evidenciar en los números finales de ese año de 1997. Javier Castellano terminó con 83 victorias, mientras que Domínguez sumó 72 aunque con ligera ventaja en la producción monetaria.

Javier Castellano no duda en calificar a Ramón Domínguez como un gran amigo, un ejemplo y un hermano: “Ramón ha sido y sigue siendo un gran amigo, lo considero como un hermano. Desde que llegué a Estados Unidos conté con su apoyo. Es una persona muy educada y respetuosa, todo el mundo siente un gran respeto y una gran admiración por él. Se lo ha ganado no solo como jinete, sino como ser humano. Fue un privilegio tenerlo siempre como referencia”, aseguró el zuliano, quien recibió de manos de su amigo Ramón Domínguez y del boricua John Velázquez la placa que está ahora en el museo del Salón de la Fama de Saratoga y que lleva su nombre.

17 años de protagonismo. Desde ese año de 1997 hasta 2013 cuando Ramón Domínguez se ve forzado a retirarse a causa de una severa lesión originada por una rodada, ambos jinetes venezolanos coparon la escena. En cada temporada se superaban en cuanto a triunfos, carreras importantes y dinero producido. Para Domínguez, 2001 fue su año de explosión. Gana 433 carreras y supera la barrera de los 10 millones de dólares en producción monetaria. Pero es en 2004 cuando se hace notar con su triunfo en la Breeders’ Cup Turf con Better Talk Now.

En 2009 Domínguez tiene un año sensacional, gana 391 carreras y produce sobre los 18 millones de dólares, es uno de los finalistas el premio Eclipse Award, pero se lo otorgan a Julien Leparoux. En los tres años siguientes el premio que acredita al mejor jinete de EE. UU., el Eclipse Award, recaería en manos de Domínguez. A pesar de todos estos éxitos, al preguntarle si alguna vez pensó en llegar al Salón de la Fama su respuesta es contundente: “Nunca. Uno nunca está preparado, ni considera tener los suficientes méritos para estar en el Salón de la Fama, es algo para lo que no estás preparado mentalmente”.

A la sombra del campeón. Mientras Ramón Domínguez se llevaba todos los méritos y alcanzaba tres Eclipse Awards consecutivos, Javier Castellano tallaba una carrera tan exitosa como la del caraqueño. En 2004 superó la barrera de los 10 millones de dólares en producción. En 2006 se lleva el Preakness Stakes, segundo paso de la Triple Corona Norteamericana a bordo de Bernardini. 2012 y 2013 fueron años gloriosos, produjo 22 millones y 26 millones de dólares respectivamente, y solo la presencia de Domínguez le impidió levarse el “Eclipse”. En 2015 impuso un récord histórico en producción monetaria para una sola campaña al superar los 28 millones de dólares.

Luego del retiro de Domínguez en 2013, el zuliano Javier José Castellano se hizo heredero del “Eclipse” y lo ganó en cuatro temporadas consecutivas. Y en esta que transcurre está en la batalla por su quinta estatuilla. A pesar de estar a la sombra de Domínguez durante varios años nunca se rindió: “El tiempo de Dios es perfecto, yo solo hacía mi trabajo con humildad y profesionalismo, delante de mí estaba Ramón, un gran jinete y mi gran amigo, nunca me sentí incómodo o decepcionado”, aseguró el zuliano.

La llamada. Ramón Domínguez tiene un léxico muy fluido, es muy fácil visualizar o imaginar lo que verbaliza. Cuenta el caraqueño que recibió una llamada de alguien que trabaja para el Salón de la Fama: “No recuerdo exactamente quién fue quien me llamó. Estaba en casa y atendí el teléfono: ‘Ramón, acaban de aprobar el ingreso de Javier Castellano al Salón de la Fama’, me dijeron. Fue muy emocionante, enseguida llamé a Javier y lo felicité, él se sorprendió un poco con mi llamada y me dijo, te enteraste antes que mi esposa. Como siempre, él echando broma”, Esta anécdota de Domínguez queda reflejada en el discurso de Tom Durkin durante la presentación de Castellano en el acto de Exaltación. Durkin, el más famoso narrador hípico de Norteamérica, dijo: “Javier Castellano no solo es un extraordinario jinete, sino además es un gran entretainment”, traducido al criollo antiguo: “Es un jodedor”. Hacía referencia Durkin al evento previo a la ceremonia en la que los jinetes montaron un show, karaoke incluido, a beneficio de una fundación.

Ese 4 de agosto de 2017, en el podio del museo del Salón de la Fama del hipismo norteamericano, en Saratoga, Nueva York, quedó sellada la carrera profesional de Javier Castellano al recibir su exaltación, ya un año antes le había tocado el turno a Ramón Alfredo Domínguez, pero además quedó consagrada una amistad que tiende a hermandad, enlazada en el amor a Cristo que ambos profesan como buenos cristianos. Queda ese momento como uno de los más importantes en la historia del deporte venezolano, en cuanto a individualidades.

Hoy día, Ramón Domínguez maneja sus negocios fuera del hipismo, pero hizo un anuncio: “Muy pronto van a tener noticias sobre algo importante relacionado con el hipismo en lo que estoy trabajando”; por su parte, Javier Castellano sigue siendo noticia cada semana con sus triunfos y está a la caza de su quinto Eclipse Award, algo que no ha logrado ningún jinete desde que se entrega este premio. El huracán Javier sigue causando estragos.

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