Portada del dirario Meridiano
Jueves 23 de Noviembre de 2017

Los Especialistas

Astros de Houston: unos campeones al estilo Woody Allen

2 Jueves | 6:55 pm

El campeonato obtenido este miércoles, 1 de noviembre de 2017, por Astros de Houston es digno de un guion de película taquillera (igual o mejor que “Moneyball”, o por lo menos con un final feliz).

Lo que hicieron los Astros fue ponerle punto y final a una sequía de más de 50 años para una organización que ha venido dando tumbos desde su creación, pero con una muy buena gerencia (reconocimiento especial al Gerente General, Jeff Luhnow), Houston pasó de perder más de 100 juegos (111 en 2013, su primera campaña en el Oeste de la Liga Americana), a ganar, por segunda vez en su historia, más de 100 compromisos.

Desde el día uno, con la contratación de Carlos Beltrán y Brian McCann, dos peloteros con una experiencia más que contrastada, los de Texas dejaron en claro que este año venían por todo, y vaya que lo demostraron.

Pero el camino no estuvo lleno de rosas para esta organización, la cual solo disputaba su onceava postemporada y, con esfuerzo y trabajo, llegó a la segunda Serie Mundial de su historia, dejando en el camino a equipos de la talla de Medias Rojas de Boston, Yankees de Nueva York y, por último, Dodgers de Los Ángeles… nada más y nada menos.

Houston, conjunto que llegó a tener una racha de hasta once triunfos consecutivos en la campaña (entre el 25 de mayo y el 5 de junio), tuvo marca positiva en seis de los siete meses de acción en la temporada, pero tuvieron que sortear un agosto cuesta arriba, en todos los sentidos.

Con marca de 11-17, los Astros se vieron inmiscuidos en un agosto gris y mucho tuvo que ver la situación que azotó a una ciudad entera. El huracán Harvey, uno de los más devastadores de los últimos tiempos, sacudió a cada uno de los rincones de la ciudad, obligando a que los Astros, con la mente puesta en sus familiares, jugasen una serie de locales en el Tropicana Field, casa de Tampa Bay Rays, debido al despiadado clima que inhabilitó el Minute Maid Park.

Pero, en septiembre, tanto Astros como la ciudad de Houston se levantaron de la mano, y llegaron a buen puerto, dejando récord de 101-61, para coronarse como campeones del Oeste de la Liga Americana.

Fue así como la tripulación, dirigida magistralmente por A. J. Hinch, llegó por undécima vez a la postemporada, pero esta vez –a diferencia de las otras-, los texanos se colgaron desde un principio el cartel de favoritos.

Hinch, un receptor “del montón” en su carrera en Grandes Ligas (siete temporadas, 32 jonrones y 112 remolques con Atléticos de Oakland, Reales de Kansas City, Tigres de Detroit y Filis de Filadelfia), ya había dejado muestras de lo buen estratega que podría ser –fue segundo en el Manager del Año de 2015-, pero este año terminó de consagrarse.

El timonel, de apenas 43 años, tomó las riendas de un plantel lleno de talento, juventud, experiencia y hambre de triunfo, un cóctel que no podía tener otro resultado que no fuese el anillo de Serie Mundial.

¿Qué cambió de un año a otro? Los veteranos que llegaron al equipo tanto en temporada muerta, como a mitad de la misma. Carlos Beltrán, a sus 40 años, volvió 13 años después a la organización para, por primera vez en su carrera, consagrarse campeón de Grandes Ligas. El beisbol, sin dudas, le debía un título al puertorriqueño.

Brian McCann, también general de mil batallas, fue fundamental para guiar una rotación joven y, 12 años después, pasó de caer ante Houston en su primer postemporada, a coronarse vistiendo los colores de la novena sideral. Josh Reddick, por su parte, llegó a estos Astros procedente de Dodgers y terminó siendo clave para llevar al equipo al campeonato.

Los tres, jugadores rendidores, no llegaron al conjunto como estrellas. ¿Por qué?, porque las estrellas se encontraban allí. José Altuve (7 años), Carlos Correa (3 años), George Springer (4 años), Alex Bregman (2 años), Marwin González (6 años) y Dallas Keuchel (6 años), debutaron con el equipo texano y forman el músculo principal de una organización que ha venido haciendo muy bien las cosas.

Caso peculiar el de Evan Gattis, quien hace 10 años trabajaba en una empresa de seguridad y ahora es todo un campeón de Grandes Ligas, luego de un importante –y breve paso por la Liga Venezolana de Beisbol Profesional (con Águilas del Zulia).

Pero la gerencia, quienes acertaron en adherir a Roger Clemens y Craig Biggio, dos luminarias del equipo, dentro de las oficinas, también realizó su trabajo a mediados de temporada. Cameron Maybin, Francisco Liriano, Tyler Clippard o, quizá el cambio más importante de la zafra, Justin Verlander, llegaron para aportar experiencia, carácter y versatilidad al conjunto.

Yulieski Gurriel, más que determinante en la Serie Mundial, disputó su primer año completo, luego de más de 10 temporadas siendo el referente del béisbol en Cuba. En fin, una lista interminable de nombres, quienes hicieron vida en Minute Maid Park durante la campaña y que, ninguno de ellos, había probado las mieles de un título en Grandes Ligas.

Ahora tocará la reestructuración de cara al futuro (Beltrán,  Liriano, Gregerson, Maybin y Clippard se declararon agentes libres), pero con el material joven que posee Houston en cada uno de sus renglones, no sería de extrañar que el campeonato de 2017 sea  el comienzo de una dinastía.

Houston, que cerró una temporada, que como buen largometraje taquillero, tuvo alegrías, tristezas, drama y acción, en la tierra del cine en norteamérica, Los Ángeles, espera ahora pr los créditos. 

El colofón a un año pletórico por los cuatro costados sería la, más que probable, coronación de José Altuve como Jugador Más Valioso de la Liga Americana. Amanecerá y veremos.

Nadie dijo que sería fácil

31 Lunes | 3:20 pm

Y pasaron 50 días. Cincuenta largos días desde aquel 11 de junio en el que 21 muchachos paralizaron a un país entero. Ya pasaron 50 días desde que la Vinotinto Sub 20 cayó en la final del Mundial de su categoría ante Inglaterra, pero se ganó el corazón de todos los venezolanos.

Esta camada de futbolistas que desbordó talento y pundonor por las canchas de Corea del Sur, está resaltada con letras doradas en el deporte criollo y seguramente marcará pauta en el devenir de nuestro balompié.

Sin embargo, han pasado los días y el mercado de fichajes comenzaba a enfriarse sin que los nuestros dieran el brinco. A estas edades (entre 17 y 20 años), es cuando los futbolistas deben cambiar de aire a un mejor fútbol, que les proporcione todas y cada una de las herramientas para terminar su formación de la mejor manera. Algo que el fútbol venezolano no está capacitado para hacer, lamentablemente.

Sin embargo, y a falta de algún nombre más, son cinco los integrantes de esa selección los que aprovecharon la vitrina del Mundial para dar el salto al exterior. En promedio, cada 10 días un guerrero de nuestra Sub 20 ha salido de nuestras fronteras a labrar su futuro.

Sergio Córdova, la "pantera" que guió el ataque criollo en las primera fechas mundialistas, puso punto y final a su estadía en la ciudad capital de Venezuela y armó sus maletas rumbo a Augsburgo. El portento aprovechará su físico y velocidad para romper las redes en Alemania.

Recuerdo que al escucharlo hablar en zona mixta, luego del primer duelo del Mundial (justamente ante la selecciòn germana), le vi pasta de jugador exportable por su seguridad al hablar, su educación y su sobriedad. No me equivoqué.

Ronaldo Peña fue otro de los que emprendió un nuevo camino en suelo europeo. El atacante criollo regresó de Las Palmas al Caracas FC, pero su regreso fue poco más que efímero. Peña hará dupla de ataque con Jhonder Cádiz en Moreirense de Portugal, esperando explotar todo su potencial en territorio luso.

Muy cerca de él, en España, harán vida a partir de esta nueva temporada dos de nuestros centrales. Williams Velásquez (Valladolid B) y Josua Mejías (Leganés B) terminarán su proceso formativo en las categorías menores de una de las ligas más importantes del mundo, si no la más importante.

Ambos defensores, con una proyección increíble, buscarán demostrar que están hechos para grandes cosas y buscarán terminar la campaña en la primera categoría de ambos equipos.

Po último, Ronaldo Lucena dejó el llano venezolano para aterrizar en Medellín, Colombia. El hermano menor de Paky, quien cuenta con un guante en su pierna derecha, deja Zamora y firmó contrato con Atlético Nacional, en donde buscará seguir con el legado de Alejandro Guerra, ídolo en el club "verdolaga".

Adalberto Peñaranda, Yángel Herrera y Yeferson Soteldo -los primeros de la clase-, aún deben resolver su situación. El capitán y Balón de Bronce del Mundial,  termina la cesión con Nueva York City a finales de año y daría el salto al Manchester City de Guardiola -poca cosa-; Soteldo parece llamar la atención de media Europa, por lo que podría abandonar Huachipato de Chile en las próximas semanas, y Peñaranda debe recuperarse pronto de su lesión y buscar un sitio en el que pueda sentar cabeza y terminar de explotar el infinto talento que posee en sus botínes.

Wuilker Fariñez, Nahuel Ferraresi y los "niños" Samuel Sosa y Jan Hurtado, podrían ser los próximos en dejar atrás nuestras fronteras e ir a comerse el mundo en nombre de Venezuela.

Por ahora toca esperar que nuestros muchachos cumplan con sus ciclos y que demuestren que son la verdadera "generación dorada" de nuestro fútbol.

De un lado o del otro, pero siempre a ras de césped

25 Miercoles | 3:24 pm

El fútbol, como el amor, el odio y la amistad, son sentimientos que aún no han podido definirse. Muchos dirán que estoy loco, que si existe una definición. Es más, algunos, los más técnicos, se remitirán a la Real Academia Española, que habla del fútbol como un “juego entre dos equipos de once jugadores cada uno, cuyo objetivo es hacer entrar en la portería contraria un balón que no puede ser tocado con las manos ni con los brazos, salvo el portero en su área de meta”. Nada más alejado de la realidad.

El “deporte rey” es mucho más que eso, es pasión, sudor, sufrimiento y entrega. El balompié es eso que reúne a familias enteras cada fin de semana, que paraliza países, que sana enfermos e ilusiona a mujeres, hombres, niños y ancianos por igual. El fútbol lo es todo.

Son millones de niños en el mundo que sueñan con pasearse por los mejores escenarios del planeta. Correr una banda, tapar un penalti, dar un taconazo y, cómo no, hacer que el público explote con un grito de gol. Pocos sentimientos deben compararse con ese momento.

Es por esto, y solo por esto, que una vez cumplido el sueño, resulta muy difícil dejarlo atrás. El jugar en una cancha llena de espectadores, genera una adrenalina que, cuando llega el momento de colgar los botines, se extraña, se anhela. No todos los jugadores tienen la suerte, el talento, la inteligencia, o como lo quieran llamar, de poder dirigir un grupo y convencerlos de seguir un lineamiento, una táctica, un modelo. Pero si ellos no pueden hacerlo, son pocos lo que de verdad pueden lograrlo.

Por respeto, por conocimiento, por experiencia o por carisma, son muchos los jugadores que dejaron atrás el pantaloncillo corto, dieron un paso al otro lado de la línea de cal y comenzaron a palpitar el fútbol desde fuera, tratando de inculcar en sus pupilos lo mucho o poco que ellos han podido dar dentro de ese rectángulo de juego sagrado.

En La Liga de España, sin ir más lejos, la temporada 2017/2018 contó de arranque con 20 ex futbolistas, algunos con más o menos experiencia que otros, en los 20 banquillos de Primera División. Desde Alavés hasta Villareal, pasando por Barcelona, Real Madrid o Atlético Madrid, antiguos soldados son los que ahora dirigen cada uno de los batallones que enfrentan el combate que dura nada menos que 38 enfrentamientos.

Algunos casos, como el del argentino al mando del Alavés, Luis Zubeldía, técnico más joven del campeonato (36 años), Pablo Machín, quien a sus 42 primaveras es el encargado de guiar al Girona, José Bordalás, mandamás del Getafe, Manolo Márquez, al frente de Las Palmas o el talentoso y polémico Marcelino García Toral, quien este año tomó las riendas del “nuevo” Valencia, están saboreando las mieles del triunfo desde fuera, luego de que sendas lesiones le ahogaran las ilusiones de triunfar como futbolistas.

Profesionales quienes, por nacer en otra época en la cual la medicina no había evolucionado como ahora, o por la extrañez de sus lesiones y enfermedades, no pudieron prolongar su carrera como futbolistas, pero decidieron mantener el idilio con el deporte de sus amores, impartiendo a los demás lo que a ellos se les impidió.

Otros tantos, como José Luis Medilibar, entrenador de Eibar, Asier Garitano, estratega del aguerrido Leganés o Fran Escribá, uno de los entrenadores más respetados de España, hoy dirigiendo a Villarreal, solo pudieron jugar en categorías inferiores o pasearse por Segunda o Segunda B, sin poder dar el salto a la principal palestra del fútbol ibérico, oportunidad que si les ha dado su excelso trabajo como inquilinos del banquillo.

Más prolíficas fueron las carreras de José “Cuco” Ziganda quien llegó a anotar más de 100 goles en Primera y tomó las riendas de la manada de San Mamés para mantener el carácter y la rigurosidad que caracterizan al Athletic Club. Quique Sánchez Flores, actualmente en Espanyol, lució con orgullo camisetas como las de Real Madrid, Valencia o Zaragoza. Juan Carlos Unzué, quien defendió entre otros los arcos de Barcelona, Sevilla o Tenerife, recibió la confianza de comandar al Celta de Vigo tras su buena labor como segundo de Luis Enrique en Can Barça.

Michel, quien no está teniendo el mejor de los arranques con Málaga, fue fundamental en la “Quinta del Buitre” entre los ochentas y noventas. Juan López (Levante), Quique Setién (Betis) y Eusebio Sacristán (Real Sociedad) estuvieron más de 10 años desplegando su fútbol en las canchas del primer nivel español, dejando marca en diferentes equipos, por lo que no era de extrañarse que su salto a los banquillos se diera de forma natural y exitosa, como poco a poco han ido demostrando.

Eduardo Berizzo (Sevilla) y Diego Pablo Simeone (Atlético Madrid), son muestra fiel de que el fútbol es amor. Ambos argentinos, ganadores y expeditivos cuando se vestían de corto, han echado raíces en territorio español, país que les abrió las puertas como jugadores y que ahora, cada uno a su medida, siguen siendo aclamados por sus feligreses.

Barcelona, conjunto experto en poner en manos de sus ex jugadores las riendas del equipo, le cedieron el testigo a Ernesto Valverde luego de la ida de Luis Enrique. Valverde, de 53 años, dejó muy buenas impresiones al frente de Athletic de Bilbao y está frente a su mayor reto como estratega, el cual ha comenzado con el pie derecho, comandando el campeonato español luego de nueve jornadas casi perfectas.

Por último está el “extraño caso Zidane”. Entre los 20 entrenadores de Primera División, ninguno fue tan exitoso como jugador como Zinedine Zidane. El francés, campeón del Mundo en 1998, ganador del Balón de Oro ese mismo año y figura descollante del Real Madrid “galáctico”, con el cual levantó la Copa de Europa, tomó el riesgo de agarrar la papa caliente que dejó Rafael Benítez al frente del conjunto blanco y, tras casi dos años, el francés ha levantado siete títulos de los nueve que ha afrontado, dejando en claro que su gen ganador se mantiene intacto, incluso luego de haberse retirado.

Es así como, en mayor o menor medida, los 20 tripulantes de los banquillos en España siguen fieles a su amor, ese amor que los hizo sonreír, llorar, gritar y desesperanza. Ese amor que tan mal paga en las derrotas, pero que te fortifica como pocos en las victorias. Ese sentimiento extraño y contagioso, que no se sabe cómo pero te atrapa y no te suelta nunca más. Esa extraña maravilla llamada fútbol.

Zinedine Zidane y ese gen llamado victoria

17 Jueves | 3:42 pm

Zinedine Yasid Zidane. Ese es el nombre completo de un francés cuya sonrisa ha encantado al mundo del fútbol durante los últimos 28 años. Smaïl y Malika de Aguemore, dos argelinos que emigraron de su país natal huyendo de la guerra, le dieron a Francia uno de los mejores regalos que ha recibido el país galo en los últimos 50 años.

Desde sus inicios, el espigado y desgarbado joven demostró que sería una especie de “Rey Midas” del fútbol. Absolutamente todo lo que ha tocado en su carrera lo ha convertido en oro. Y es que Zinedine Zidane no concibe que la palabra derrota sea asociada con su carrera. Ni con su vida.

Comenzó su idilio con los deportes practicando judo (llegó hasta cinturón verde, nada mal para un muchacho que arrancó con apenas seis años), pero un buen día, en el Stade Velodrome de Marsella, Zidane se enamoró del juego de Enzo Francescolli y por ende, del deporte rey. ¡Gracias, Enzo!

Así comenzó la historia de uno de los más grandes jugadores de la historia. Cannes, Girondis de Burdeos o Juventus, fueron equipos que se deleitaron con la larga zancada del francés, con sus controles imposibles y una inteligencia innata que no se aprende en ninguna escuela deportiva.

Zidane flotaba sobre cada cancha que pisaba. El galo atravesaba el mediocampo con sutileza y sus adversarios no sabían si derribarlo a extenderle una alfombra roja a su paso. En Juventus ganó todo lo que pudo, también lo hizo en Francia, pero el 10 de julio de 2001 su vida, y la de todos los amantes de este hermoso deporte, dio un vuelco total.

Zinedine Zidane y Real Madrid se encontraron y fue amor a primera vista. Tras unas arduas negociaciones, que comenzaron con la servilleta más famosa de la historia del deporte, Florentino llevó a La Castellana al máximo exponente del “fútbol champagne”  y fue así como el mejor club de la historia, unió su camino con el mejor jugador de la época.

Y, como no podía ser de otra forma, Zidane llegó, tocó el escudo merengue, y lo baño en oro. Su zurda, esa herramienta para cincelar jugadas exquisitas, pases precisos y “roulettes” incontrolables, quedará por siempre en las retinas de los seguidores blancos, quienes aún suspiran cada vez que recuerdan la volea de Glasgow, en la “Novena” Copa de Europa del Real Madrid.

Cinco años duró el idilio de Zinedine Zidane con el césped del Bernabéu, ese césped en el que “Zizou” dejó incontables pinturas al óleo. Zidane se retiró, aunque su cuerpo y calidad lo pudiese mantener en actividad hoy en día. El 16 de mayo de 2006, en el Ramón Sánchez Pizjuán de Sevilla, Zinedine Zidane cerraba un glorioso capítulo con la entidad blanca, pero ni él, ni ninguno de nosotros, podía imaginar que se abriría uno aún más espectacular.

Tras su despedida el francés juró amor eterno al Real Madrid (hace unos días afirmó que jamás se podría pelear con el club de sus amores), y tras varios cargos dentro de la institución, desde asesor de la presidencia, hasta llegar nuevamente al césped del Santiago Bernabéu, pero esta vez como asistente técnico de Carlo Ancelotti.

Como segundo a cargo, Real Madrid consiguió su “Décima” Copa de Europa, el francés lo volvía a hacer. El club le vio pasta de entrenador y lo mandó a foguearse en el Castilla, pero tras un par de temporadas con altibajos, el destino tocó su puerta el cuatro de enero de 2016, y Zidane tomó las riendas de un buque descarriado por Rafael Benítez.

El galo se colocó el traje de capitán de barco, y vaya si lo llevó a buen puerto. Real Madrid tuvo una de las mejores segundas partes de temporada en su historia, quedando a un solo punto de Barcelona (llegó a estar a 11) y levantando la undécima Liga de Campeones y dándole un golpe al tablero del balompié europeo.

Sin embargo, mucho “conocedor y experto” del fútbol catalogó la gesta de Zidane como un golpe de “suerte de principiante”. Zidane sonrió, trabajó, ganó la duodécima Copa de EuropaReal Madrid se convirtió en el primer equipo en la historia en revalidar el máximo título del fútbol en el viejo continente-, y luego, volvió a sonreír.

Hoy, con las Supercopas tanto de Europa como de España aún frescas en la retina (los blancos superaron con autoridad a Manchester United y Barcelona, respectivamente), ocho títulos en su haber y siete finales ganadas sin caer aún en ninguna definición, Zizou ha disipado todas las dudas.

El francés, como cuando vestía de corto, no está hecho para perder… y va por más. 

José Altuve y sus temporadas "gemelas"

14 Viernes | 10:39 am

"Una vez es suerte, dos veces puede ser casualidad... pero tres veces, eso ya es una confirmación". Este parece ser el caso de José Carlos Altuve, quien con apenas 27 años de vida y en medio de su séptima campaña como liga mayorista (sexta desde el arranque), sigue dejando números de "all star".

El criollo, quien en su segunda temporada se ganó el honor de acudir a su primer Juego de Estrellas (evento en el que ya es un invitado frecuente), no ha parado de batear, al punto de ser comparado con Pete Rose... palabras mayores.

El muchacho de Maracay, quizá por no alcanzar el metro setenta de estatura, se cansó de escuchar la palabra "no" cuando apenas daba sus primeros pasos dentro de la pelota. Fue rechazado una y otra vez, al no tener el "porte" necesario para convertirse en pelotero de primer nivel, pero Altuve, en su afán de hacer realidad sus sueños, les dijo "Sí, sí y sí" a sus detractores y consiguió ser firmado por Astros de Houston, un riesgo que, de seguro, la organización está satisfecha de haber tomado.

Durante la campaña 2010-2011 de la LVBP, cuando el pequeño camarero dio inicio a su carrera con Navegantes del Magallanes, Altuve ya daba muestras de lo que sería. Para aquel momento, cuando el marcayero era un adolescente de tan solo 20 años, se veía con una personalidad retraída, incluso tímido, pero ya era el más aplicado de la clase.

Altuve esperaba en el dogout de su equipo a que todos sus compañeros tomaran su turno en las prácticas de bateo, atento a cada detalle, tomando nota de cada aspecto que lo pudiera hacer mejor. Edgardo Alfonzo, uno de sus primeros tutores, fue ejemplo para Altuve, quien poco a poco ha ido superando al maestro.

Más adelante, a mediados de la temporada de 2011 en Estados Unidos, esa tozudez lo llevó a dar el salto a la Gran Carpa, para aquel entonces en la Liga Nacional, mostrándole al mundo su talento desde el día uno.

Inmediatamente, desde aquel 20 de julio de 2011, el nombre de José Altuve comenzó a hacer ruido en el mundo del beisbol. El "pequeño gigante", como ha sido bautizado a lo largo de su carrera, dio indiscutibles en 10 de sus primeros 11 compromisos, siete de ellos de manera consecutiva para arrancar su carrera, incluyendo sus dos primeros juegos con tres o más imparables.

Muchos imparables han salido del bate de Altuve desde aquella fecha hasta ahora. El venezolano, en sus primeros siete años en el "gran show", acumula 1.162 imparables en 3.695 turnos al bate, números que salen muy bien parados en la odiosa comparación con Pete Rose, máximo hiteador en la historia de la pelota norteamericana. El histórico toletero de Rojos de Cincinnati contaba con 1.150 cohetes en 3.808 turnos al momento de terminar su séptimo año como liga mayorista, pero acumulaba dos vueltas al sol menos que Altuve.

Dirán muchos que las cifras de José son espectaculares, pero más impresionante aún es su extrema regularidad. En 2016, para el juego 86 de Astros de Houston, el venezolano había conectado 117 indiscutibles en 338 viajes al plato. De esos indiscutibles 24 eran dobles, dos triples y 14 cuadrangulares, con 49 remolques, 64 carreras anotadas, 35 ponches, 40 boletos recibidos, 22 bases robadas y un promedio de .346; números nada despreciables y que al final de campaña lo colocaron como tercero en la votación al Jugador Más Valioso, a pesar de que su equipo no pudo alcanzar sus objetivos a final de año.

¿Qué ha hecho Altuve en 2017? Hasta el duelo 86 de la zafra, último duelo antes del parón del Juego de Estrellas (en el cual volvió a ser el camarero titular de la Liga Americana), el venezolano sacudió 116 imparables en 334 turnos, con 25 dobles, 2 triples y 13 jonrones. Altuve ha conseguido remolcar 50 carreras, pisó el plato en 62 oportunidades, se ponchó 46 veces, recibió 37 boletos y se estafó 18 almohadillas, para un promedio al bate de .347, el más alto del Joven Circuito hasta la fecha.

Dos zafras prácticamente iguales. Espectacularmente iguales.

Con estas cifras y con su equipo consolidado como uno de los dos mejores conjuntos de la campaña (Houston consiguió 60 triunfos en la primera mitad de temporada, uno menos que Dodgers de Los Ángeles), y sin Mike Trout de por medio -el jardinero tiene varias semanas fuera de acción por lesión-, Altuve coloca en la palestra una nueva candidatura a Jugador Más Valioso de la Liga Americana y se proyecta a un nuevo año con 200 o más indiscutibles, agrandando su leyenda y atornillándose en el sitial de honor entre los mejores bateadores del béisbol en la actualidad.

Héroes de carne y hueso

6 Martes | 2:32 pm

Carros, joyas, jet privado, mansiones... ¿Qué más podría pedir alguien en la vida? Ser deportista de élite trae consigo una serie de privilegios inalcanzables para la mayoría de nosotros, los "mortales". 

El deportista que consigue dar el brinco al estrellato, es buscado para realizar comerciales, dictar clínicas, apadrinar eventos de caridad, en fin, una vida llena de lujos. Pero, ¿de verdad es todo tan fácil? ¿Qué hay detrás de cada pelotero, futbolista, tenista? 

Pensando en la situación que vive Venezuela en estos momentos, con más de dos meses de un pueblo en las calles manifestando, pidiendo o exigiendo respuestas a sus dificultades, un puñado de deportistas, de distintas disciplinas, han levantado su voz para reprobar la violencia, la represión, la impunidad. Muchos de esos deportistas, estrellas allá donde estén, han sido criticados por un sector de los venezolanos quienes no comparten su "postura política", han sido criticados por el tiempo que tardaron en pronunciarse, han sido criticados por el mensaje, en fin, han sido criticados.

Otros no se han manifestado aún, por una razón u otra, y estos, como no podía ser de otra manera, también han sido defenestrados por un populacho que exige a sus "referentes" que se conviertan en una voz altisonante.

Pero, ¿quiénes somos nosotros para exigirles nada a ellos? Sus presidentes, dueños de clubes, entrenadores, ellos pueden exigirles rendimiento, a fin de cuentas son quienes pagan sus astronómicos salarios. Nosotros, la prensa, los fanáticos, los venezolanos, en general, solo deberíamos estar agradecidos por la infinidad de alegrías que estos atletas nos han regalado y que, en cierta forma, terminan convirtiéndose en bálsamo para tanto sufrimiento y preocupaciones.

Ellos, atletas de alto rendimiento, no tienen ninguna responsabilidad para con nosotros. Desde muy pequeños decidieron dedicar su vida al deporte. Sacrificaron momentos, fiestas, diversión, por entrenamientos, disciplina y preparación tanto física como mental. 

Esos que ahora brilla, debieron comerse las verdes muchas veces, salieron de abajo (en muchos de los casos), y pusieron todo el empeño para triunfar, para ser los mejores y llenar de orgullo a sus fanáticos, a su familia y a su país.

Ahora, con el éxito a cuestas, ellos deben cargar con la responsabilidad deportiva que ellos mismos se han colocado. Mantener el rendimiento, alcanzar metas deportivas, no defraudar a sus compañeros dentro de una cancha, y aparte, saben que no pueden cruzar una esquina sin ser seguidos, señalados observados. Es lo que tiene la fama.

Ahora bien, al momento de expresar su pesar por el país, de opinar, de exigir, lo hacen sin el uniforme puesto, lo hacen como venezolanos que sienten y padecen. Que tienen familia, hijos, padres, amigos y que, seguramente, a la distancia, se mantienen en vilo esperando que todo salga bien, sin poder hacer mucho al respecto.

Nuestros atletas, nuestros deportistas, nuestros Miguel Cabrera, Tomás Rincón, Roberto Rosales o Greivis Vásquez, son nuestros superhéroes, pero al salir de la cancha se convierten en Clark Kent, Peter Parker o Bruce Wayne, personas como tú o yo, nada más que eso.

Raúl Pérez

En la cancha

Nacido en Miranda el 22 de abril de 1989, estudió comunicación social en la Universidad Central de Venezuela (UCV).

Desde 2010 ha podido trabajar en radio, televisión, prensa escrita y medios digitales, siempre manejando la fuente deportiva.

Dos Mundiales de Fútbol, un par de temporadas de LVBP y otras tantas de MLB, han sido de los eventos que ha podido cubrir en su carrera.

Fútbol, béisbol, baloncesto, o tenis, su verdadera pasión es el deporte, sin distinción.

Raúl Pérez

En la cancha

Nacido en Miranda el 22 de abril de 1989, estudió comunicación social en la Universidad Central de Venezuela (UCV).

Desde 2010 ha podido trabajar en radio, televisión, prensa escrita y medios digitales, siempre manejando la fuente deportiva.

Dos Mundiales de Fútbol, un par de temporadas de LVBP y otras tantas de MLB, han sido de los eventos que ha podido cubrir en su carrera.

Fútbol, béisbol, baloncesto, o tenis, su verdadera pasión es el deporte, sin distinción.

Astros de Houston: unos campeones al estilo Woody Allen

2 Jueves | 6:55 pm

El campeonato obtenido este miércoles, 1 de noviembre de 2017, por Astros de Houston es digno de un guion de película taquillera (igual o mejor que “Moneyball”, o por lo menos con un final feliz).

Lo que hicieron los Astros fue ponerle punto y final a una sequía de más de 50 años para una organización que ha venido dando tumbos desde su creación, pero con una muy buena gerencia (reconocimiento especial al Gerente General, Jeff Luhnow), Houston pasó de perder más de 100 juegos (111 en 2013, su primera campaña en el Oeste de la Liga Americana), a ganar, por segunda vez en su historia, más de 100 compromisos.

Desde el día uno, con la contratación de Carlos Beltrán y Brian McCann, dos peloteros con una experiencia más que contrastada, los de Texas dejaron en claro que este año venían por todo, y vaya que lo demostraron.

Pero el camino no estuvo lleno de rosas para esta organización, la cual solo disputaba su onceava postemporada y, con esfuerzo y trabajo, llegó a la segunda Serie Mundial de su historia, dejando en el camino a equipos de la talla de Medias Rojas de Boston, Yankees de Nueva York y, por último, Dodgers de Los Ángeles… nada más y nada menos.

Houston, conjunto que llegó a tener una racha de hasta once triunfos consecutivos en la campaña (entre el 25 de mayo y el 5 de junio), tuvo marca positiva en seis de los siete meses de acción en la temporada, pero tuvieron que sortear un agosto cuesta arriba, en todos los sentidos.

Con marca de 11-17, los Astros se vieron inmiscuidos en un agosto gris y mucho tuvo que ver la situación que azotó a una ciudad entera. El huracán Harvey, uno de los más devastadores de los últimos tiempos, sacudió a cada uno de los rincones de la ciudad, obligando a que los Astros, con la mente puesta en sus familiares, jugasen una serie de locales en el Tropicana Field, casa de Tampa Bay Rays, debido al despiadado clima que inhabilitó el Minute Maid Park.

Pero, en septiembre, tanto Astros como la ciudad de Houston se levantaron de la mano, y llegaron a buen puerto, dejando récord de 101-61, para coronarse como campeones del Oeste de la Liga Americana.

Fue así como la tripulación, dirigida magistralmente por A. J. Hinch, llegó por undécima vez a la postemporada, pero esta vez –a diferencia de las otras-, los texanos se colgaron desde un principio el cartel de favoritos.

Hinch, un receptor “del montón” en su carrera en Grandes Ligas (siete temporadas, 32 jonrones y 112 remolques con Atléticos de Oakland, Reales de Kansas City, Tigres de Detroit y Filis de Filadelfia), ya había dejado muestras de lo buen estratega que podría ser –fue segundo en el Manager del Año de 2015-, pero este año terminó de consagrarse.

El timonel, de apenas 43 años, tomó las riendas de un plantel lleno de talento, juventud, experiencia y hambre de triunfo, un cóctel que no podía tener otro resultado que no fuese el anillo de Serie Mundial.

¿Qué cambió de un año a otro? Los veteranos que llegaron al equipo tanto en temporada muerta, como a mitad de la misma. Carlos Beltrán, a sus 40 años, volvió 13 años después a la organización para, por primera vez en su carrera, consagrarse campeón de Grandes Ligas. El beisbol, sin dudas, le debía un título al puertorriqueño.

Brian McCann, también general de mil batallas, fue fundamental para guiar una rotación joven y, 12 años después, pasó de caer ante Houston en su primer postemporada, a coronarse vistiendo los colores de la novena sideral. Josh Reddick, por su parte, llegó a estos Astros procedente de Dodgers y terminó siendo clave para llevar al equipo al campeonato.

Los tres, jugadores rendidores, no llegaron al conjunto como estrellas. ¿Por qué?, porque las estrellas se encontraban allí. José Altuve (7 años), Carlos Correa (3 años), George Springer (4 años), Alex Bregman (2 años), Marwin González (6 años) y Dallas Keuchel (6 años), debutaron con el equipo texano y forman el músculo principal de una organización que ha venido haciendo muy bien las cosas.

Caso peculiar el de Evan Gattis, quien hace 10 años trabajaba en una empresa de seguridad y ahora es todo un campeón de Grandes Ligas, luego de un importante –y breve paso por la Liga Venezolana de Beisbol Profesional (con Águilas del Zulia).

Pero la gerencia, quienes acertaron en adherir a Roger Clemens y Craig Biggio, dos luminarias del equipo, dentro de las oficinas, también realizó su trabajo a mediados de temporada. Cameron Maybin, Francisco Liriano, Tyler Clippard o, quizá el cambio más importante de la zafra, Justin Verlander, llegaron para aportar experiencia, carácter y versatilidad al conjunto.

Yulieski Gurriel, más que determinante en la Serie Mundial, disputó su primer año completo, luego de más de 10 temporadas siendo el referente del béisbol en Cuba. En fin, una lista interminable de nombres, quienes hicieron vida en Minute Maid Park durante la campaña y que, ninguno de ellos, había probado las mieles de un título en Grandes Ligas.

Ahora tocará la reestructuración de cara al futuro (Beltrán,  Liriano, Gregerson, Maybin y Clippard se declararon agentes libres), pero con el material joven que posee Houston en cada uno de sus renglones, no sería de extrañar que el campeonato de 2017 sea  el comienzo de una dinastía.

Houston, que cerró una temporada, que como buen largometraje taquillero, tuvo alegrías, tristezas, drama y acción, en la tierra del cine en norteamérica, Los Ángeles, espera ahora pr los créditos. 

El colofón a un año pletórico por los cuatro costados sería la, más que probable, coronación de José Altuve como Jugador Más Valioso de la Liga Americana. Amanecerá y veremos.

Nadie dijo que sería fácil

31 Lunes | 3:20 pm

Y pasaron 50 días. Cincuenta largos días desde aquel 11 de junio en el que 21 muchachos paralizaron a un país entero. Ya pasaron 50 días desde que la Vinotinto Sub 20 cayó en la final del Mundial de su categoría ante Inglaterra, pero se ganó el corazón de todos los venezolanos.

Esta camada de futbolistas que desbordó talento y pundonor por las canchas de Corea del Sur, está resaltada con letras doradas en el deporte criollo y seguramente marcará pauta en el devenir de nuestro balompié.

Sin embargo, han pasado los días y el mercado de fichajes comenzaba a enfriarse sin que los nuestros dieran el brinco. A estas edades (entre 17 y 20 años), es cuando los futbolistas deben cambiar de aire a un mejor fútbol, que les proporcione todas y cada una de las herramientas para terminar su formación de la mejor manera. Algo que el fútbol venezolano no está capacitado para hacer, lamentablemente.

Sin embargo, y a falta de algún nombre más, son cinco los integrantes de esa selección los que aprovecharon la vitrina del Mundial para dar el salto al exterior. En promedio, cada 10 días un guerrero de nuestra Sub 20 ha salido de nuestras fronteras a labrar su futuro.

Sergio Córdova, la "pantera" que guió el ataque criollo en las primera fechas mundialistas, puso punto y final a su estadía en la ciudad capital de Venezuela y armó sus maletas rumbo a Augsburgo. El portento aprovechará su físico y velocidad para romper las redes en Alemania.

Recuerdo que al escucharlo hablar en zona mixta, luego del primer duelo del Mundial (justamente ante la selecciòn germana), le vi pasta de jugador exportable por su seguridad al hablar, su educación y su sobriedad. No me equivoqué.

Ronaldo Peña fue otro de los que emprendió un nuevo camino en suelo europeo. El atacante criollo regresó de Las Palmas al Caracas FC, pero su regreso fue poco más que efímero. Peña hará dupla de ataque con Jhonder Cádiz en Moreirense de Portugal, esperando explotar todo su potencial en territorio luso.

Muy cerca de él, en España, harán vida a partir de esta nueva temporada dos de nuestros centrales. Williams Velásquez (Valladolid B) y Josua Mejías (Leganés B) terminarán su proceso formativo en las categorías menores de una de las ligas más importantes del mundo, si no la más importante.

Ambos defensores, con una proyección increíble, buscarán demostrar que están hechos para grandes cosas y buscarán terminar la campaña en la primera categoría de ambos equipos.

Po último, Ronaldo Lucena dejó el llano venezolano para aterrizar en Medellín, Colombia. El hermano menor de Paky, quien cuenta con un guante en su pierna derecha, deja Zamora y firmó contrato con Atlético Nacional, en donde buscará seguir con el legado de Alejandro Guerra, ídolo en el club "verdolaga".

Adalberto Peñaranda, Yángel Herrera y Yeferson Soteldo -los primeros de la clase-, aún deben resolver su situación. El capitán y Balón de Bronce del Mundial,  termina la cesión con Nueva York City a finales de año y daría el salto al Manchester City de Guardiola -poca cosa-; Soteldo parece llamar la atención de media Europa, por lo que podría abandonar Huachipato de Chile en las próximas semanas, y Peñaranda debe recuperarse pronto de su lesión y buscar un sitio en el que pueda sentar cabeza y terminar de explotar el infinto talento que posee en sus botínes.

Wuilker Fariñez, Nahuel Ferraresi y los "niños" Samuel Sosa y Jan Hurtado, podrían ser los próximos en dejar atrás nuestras fronteras e ir a comerse el mundo en nombre de Venezuela.

Por ahora toca esperar que nuestros muchachos cumplan con sus ciclos y que demuestren que son la verdadera "generación dorada" de nuestro fútbol.

De un lado o del otro, pero siempre a ras de césped

25 Miercoles | 3:24 pm

El fútbol, como el amor, el odio y la amistad, son sentimientos que aún no han podido definirse. Muchos dirán que estoy loco, que si existe una definición. Es más, algunos, los más técnicos, se remitirán a la Real Academia Española, que habla del fútbol como un “juego entre dos equipos de once jugadores cada uno, cuyo objetivo es hacer entrar en la portería contraria un balón que no puede ser tocado con las manos ni con los brazos, salvo el portero en su área de meta”. Nada más alejado de la realidad.

El “deporte rey” es mucho más que eso, es pasión, sudor, sufrimiento y entrega. El balompié es eso que reúne a familias enteras cada fin de semana, que paraliza países, que sana enfermos e ilusiona a mujeres, hombres, niños y ancianos por igual. El fútbol lo es todo.

Son millones de niños en el mundo que sueñan con pasearse por los mejores escenarios del planeta. Correr una banda, tapar un penalti, dar un taconazo y, cómo no, hacer que el público explote con un grito de gol. Pocos sentimientos deben compararse con ese momento.

Es por esto, y solo por esto, que una vez cumplido el sueño, resulta muy difícil dejarlo atrás. El jugar en una cancha llena de espectadores, genera una adrenalina que, cuando llega el momento de colgar los botines, se extraña, se anhela. No todos los jugadores tienen la suerte, el talento, la inteligencia, o como lo quieran llamar, de poder dirigir un grupo y convencerlos de seguir un lineamiento, una táctica, un modelo. Pero si ellos no pueden hacerlo, son pocos lo que de verdad pueden lograrlo.

Por respeto, por conocimiento, por experiencia o por carisma, son muchos los jugadores que dejaron atrás el pantaloncillo corto, dieron un paso al otro lado de la línea de cal y comenzaron a palpitar el fútbol desde fuera, tratando de inculcar en sus pupilos lo mucho o poco que ellos han podido dar dentro de ese rectángulo de juego sagrado.

En La Liga de España, sin ir más lejos, la temporada 2017/2018 contó de arranque con 20 ex futbolistas, algunos con más o menos experiencia que otros, en los 20 banquillos de Primera División. Desde Alavés hasta Villareal, pasando por Barcelona, Real Madrid o Atlético Madrid, antiguos soldados son los que ahora dirigen cada uno de los batallones que enfrentan el combate que dura nada menos que 38 enfrentamientos.

Algunos casos, como el del argentino al mando del Alavés, Luis Zubeldía, técnico más joven del campeonato (36 años), Pablo Machín, quien a sus 42 primaveras es el encargado de guiar al Girona, José Bordalás, mandamás del Getafe, Manolo Márquez, al frente de Las Palmas o el talentoso y polémico Marcelino García Toral, quien este año tomó las riendas del “nuevo” Valencia, están saboreando las mieles del triunfo desde fuera, luego de que sendas lesiones le ahogaran las ilusiones de triunfar como futbolistas.

Profesionales quienes, por nacer en otra época en la cual la medicina no había evolucionado como ahora, o por la extrañez de sus lesiones y enfermedades, no pudieron prolongar su carrera como futbolistas, pero decidieron mantener el idilio con el deporte de sus amores, impartiendo a los demás lo que a ellos se les impidió.

Otros tantos, como José Luis Medilibar, entrenador de Eibar, Asier Garitano, estratega del aguerrido Leganés o Fran Escribá, uno de los entrenadores más respetados de España, hoy dirigiendo a Villarreal, solo pudieron jugar en categorías inferiores o pasearse por Segunda o Segunda B, sin poder dar el salto a la principal palestra del fútbol ibérico, oportunidad que si les ha dado su excelso trabajo como inquilinos del banquillo.

Más prolíficas fueron las carreras de José “Cuco” Ziganda quien llegó a anotar más de 100 goles en Primera y tomó las riendas de la manada de San Mamés para mantener el carácter y la rigurosidad que caracterizan al Athletic Club. Quique Sánchez Flores, actualmente en Espanyol, lució con orgullo camisetas como las de Real Madrid, Valencia o Zaragoza. Juan Carlos Unzué, quien defendió entre otros los arcos de Barcelona, Sevilla o Tenerife, recibió la confianza de comandar al Celta de Vigo tras su buena labor como segundo de Luis Enrique en Can Barça.

Michel, quien no está teniendo el mejor de los arranques con Málaga, fue fundamental en la “Quinta del Buitre” entre los ochentas y noventas. Juan López (Levante), Quique Setién (Betis) y Eusebio Sacristán (Real Sociedad) estuvieron más de 10 años desplegando su fútbol en las canchas del primer nivel español, dejando marca en diferentes equipos, por lo que no era de extrañarse que su salto a los banquillos se diera de forma natural y exitosa, como poco a poco han ido demostrando.

Eduardo Berizzo (Sevilla) y Diego Pablo Simeone (Atlético Madrid), son muestra fiel de que el fútbol es amor. Ambos argentinos, ganadores y expeditivos cuando se vestían de corto, han echado raíces en territorio español, país que les abrió las puertas como jugadores y que ahora, cada uno a su medida, siguen siendo aclamados por sus feligreses.

Barcelona, conjunto experto en poner en manos de sus ex jugadores las riendas del equipo, le cedieron el testigo a Ernesto Valverde luego de la ida de Luis Enrique. Valverde, de 53 años, dejó muy buenas impresiones al frente de Athletic de Bilbao y está frente a su mayor reto como estratega, el cual ha comenzado con el pie derecho, comandando el campeonato español luego de nueve jornadas casi perfectas.

Por último está el “extraño caso Zidane”. Entre los 20 entrenadores de Primera División, ninguno fue tan exitoso como jugador como Zinedine Zidane. El francés, campeón del Mundo en 1998, ganador del Balón de Oro ese mismo año y figura descollante del Real Madrid “galáctico”, con el cual levantó la Copa de Europa, tomó el riesgo de agarrar la papa caliente que dejó Rafael Benítez al frente del conjunto blanco y, tras casi dos años, el francés ha levantado siete títulos de los nueve que ha afrontado, dejando en claro que su gen ganador se mantiene intacto, incluso luego de haberse retirado.

Es así como, en mayor o menor medida, los 20 tripulantes de los banquillos en España siguen fieles a su amor, ese amor que los hizo sonreír, llorar, gritar y desesperanza. Ese amor que tan mal paga en las derrotas, pero que te fortifica como pocos en las victorias. Ese sentimiento extraño y contagioso, que no se sabe cómo pero te atrapa y no te suelta nunca más. Esa extraña maravilla llamada fútbol.

Zinedine Zidane y ese gen llamado victoria

17 Jueves | 3:42 pm

Zinedine Yasid Zidane. Ese es el nombre completo de un francés cuya sonrisa ha encantado al mundo del fútbol durante los últimos 28 años. Smaïl y Malika de Aguemore, dos argelinos que emigraron de su país natal huyendo de la guerra, le dieron a Francia uno de los mejores regalos que ha recibido el país galo en los últimos 50 años.

Desde sus inicios, el espigado y desgarbado joven demostró que sería una especie de “Rey Midas” del fútbol. Absolutamente todo lo que ha tocado en su carrera lo ha convertido en oro. Y es que Zinedine Zidane no concibe que la palabra derrota sea asociada con su carrera. Ni con su vida.

Comenzó su idilio con los deportes practicando judo (llegó hasta cinturón verde, nada mal para un muchacho que arrancó con apenas seis años), pero un buen día, en el Stade Velodrome de Marsella, Zidane se enamoró del juego de Enzo Francescolli y por ende, del deporte rey. ¡Gracias, Enzo!

Así comenzó la historia de uno de los más grandes jugadores de la historia. Cannes, Girondis de Burdeos o Juventus, fueron equipos que se deleitaron con la larga zancada del francés, con sus controles imposibles y una inteligencia innata que no se aprende en ninguna escuela deportiva.

Zidane flotaba sobre cada cancha que pisaba. El galo atravesaba el mediocampo con sutileza y sus adversarios no sabían si derribarlo a extenderle una alfombra roja a su paso. En Juventus ganó todo lo que pudo, también lo hizo en Francia, pero el 10 de julio de 2001 su vida, y la de todos los amantes de este hermoso deporte, dio un vuelco total.

Zinedine Zidane y Real Madrid se encontraron y fue amor a primera vista. Tras unas arduas negociaciones, que comenzaron con la servilleta más famosa de la historia del deporte, Florentino llevó a La Castellana al máximo exponente del “fútbol champagne”  y fue así como el mejor club de la historia, unió su camino con el mejor jugador de la época.

Y, como no podía ser de otra forma, Zidane llegó, tocó el escudo merengue, y lo baño en oro. Su zurda, esa herramienta para cincelar jugadas exquisitas, pases precisos y “roulettes” incontrolables, quedará por siempre en las retinas de los seguidores blancos, quienes aún suspiran cada vez que recuerdan la volea de Glasgow, en la “Novena” Copa de Europa del Real Madrid.

Cinco años duró el idilio de Zinedine Zidane con el césped del Bernabéu, ese césped en el que “Zizou” dejó incontables pinturas al óleo. Zidane se retiró, aunque su cuerpo y calidad lo pudiese mantener en actividad hoy en día. El 16 de mayo de 2006, en el Ramón Sánchez Pizjuán de Sevilla, Zinedine Zidane cerraba un glorioso capítulo con la entidad blanca, pero ni él, ni ninguno de nosotros, podía imaginar que se abriría uno aún más espectacular.

Tras su despedida el francés juró amor eterno al Real Madrid (hace unos días afirmó que jamás se podría pelear con el club de sus amores), y tras varios cargos dentro de la institución, desde asesor de la presidencia, hasta llegar nuevamente al césped del Santiago Bernabéu, pero esta vez como asistente técnico de Carlo Ancelotti.

Como segundo a cargo, Real Madrid consiguió su “Décima” Copa de Europa, el francés lo volvía a hacer. El club le vio pasta de entrenador y lo mandó a foguearse en el Castilla, pero tras un par de temporadas con altibajos, el destino tocó su puerta el cuatro de enero de 2016, y Zidane tomó las riendas de un buque descarriado por Rafael Benítez.

El galo se colocó el traje de capitán de barco, y vaya si lo llevó a buen puerto. Real Madrid tuvo una de las mejores segundas partes de temporada en su historia, quedando a un solo punto de Barcelona (llegó a estar a 11) y levantando la undécima Liga de Campeones y dándole un golpe al tablero del balompié europeo.

Sin embargo, mucho “conocedor y experto” del fútbol catalogó la gesta de Zidane como un golpe de “suerte de principiante”. Zidane sonrió, trabajó, ganó la duodécima Copa de EuropaReal Madrid se convirtió en el primer equipo en la historia en revalidar el máximo título del fútbol en el viejo continente-, y luego, volvió a sonreír.

Hoy, con las Supercopas tanto de Europa como de España aún frescas en la retina (los blancos superaron con autoridad a Manchester United y Barcelona, respectivamente), ocho títulos en su haber y siete finales ganadas sin caer aún en ninguna definición, Zizou ha disipado todas las dudas.

El francés, como cuando vestía de corto, no está hecho para perder… y va por más. 

José Altuve y sus temporadas "gemelas"

14 Viernes | 10:39 am

"Una vez es suerte, dos veces puede ser casualidad... pero tres veces, eso ya es una confirmación". Este parece ser el caso de José Carlos Altuve, quien con apenas 27 años de vida y en medio de su séptima campaña como liga mayorista (sexta desde el arranque), sigue dejando números de "all star".

El criollo, quien en su segunda temporada se ganó el honor de acudir a su primer Juego de Estrellas (evento en el que ya es un invitado frecuente), no ha parado de batear, al punto de ser comparado con Pete Rose... palabras mayores.

El muchacho de Maracay, quizá por no alcanzar el metro setenta de estatura, se cansó de escuchar la palabra "no" cuando apenas daba sus primeros pasos dentro de la pelota. Fue rechazado una y otra vez, al no tener el "porte" necesario para convertirse en pelotero de primer nivel, pero Altuve, en su afán de hacer realidad sus sueños, les dijo "Sí, sí y sí" a sus detractores y consiguió ser firmado por Astros de Houston, un riesgo que, de seguro, la organización está satisfecha de haber tomado.

Durante la campaña 2010-2011 de la LVBP, cuando el pequeño camarero dio inicio a su carrera con Navegantes del Magallanes, Altuve ya daba muestras de lo que sería. Para aquel momento, cuando el marcayero era un adolescente de tan solo 20 años, se veía con una personalidad retraída, incluso tímido, pero ya era el más aplicado de la clase.

Altuve esperaba en el dogout de su equipo a que todos sus compañeros tomaran su turno en las prácticas de bateo, atento a cada detalle, tomando nota de cada aspecto que lo pudiera hacer mejor. Edgardo Alfonzo, uno de sus primeros tutores, fue ejemplo para Altuve, quien poco a poco ha ido superando al maestro.

Más adelante, a mediados de la temporada de 2011 en Estados Unidos, esa tozudez lo llevó a dar el salto a la Gran Carpa, para aquel entonces en la Liga Nacional, mostrándole al mundo su talento desde el día uno.

Inmediatamente, desde aquel 20 de julio de 2011, el nombre de José Altuve comenzó a hacer ruido en el mundo del beisbol. El "pequeño gigante", como ha sido bautizado a lo largo de su carrera, dio indiscutibles en 10 de sus primeros 11 compromisos, siete de ellos de manera consecutiva para arrancar su carrera, incluyendo sus dos primeros juegos con tres o más imparables.

Muchos imparables han salido del bate de Altuve desde aquella fecha hasta ahora. El venezolano, en sus primeros siete años en el "gran show", acumula 1.162 imparables en 3.695 turnos al bate, números que salen muy bien parados en la odiosa comparación con Pete Rose, máximo hiteador en la historia de la pelota norteamericana. El histórico toletero de Rojos de Cincinnati contaba con 1.150 cohetes en 3.808 turnos al momento de terminar su séptimo año como liga mayorista, pero acumulaba dos vueltas al sol menos que Altuve.

Dirán muchos que las cifras de José son espectaculares, pero más impresionante aún es su extrema regularidad. En 2016, para el juego 86 de Astros de Houston, el venezolano había conectado 117 indiscutibles en 338 viajes al plato. De esos indiscutibles 24 eran dobles, dos triples y 14 cuadrangulares, con 49 remolques, 64 carreras anotadas, 35 ponches, 40 boletos recibidos, 22 bases robadas y un promedio de .346; números nada despreciables y que al final de campaña lo colocaron como tercero en la votación al Jugador Más Valioso, a pesar de que su equipo no pudo alcanzar sus objetivos a final de año.

¿Qué ha hecho Altuve en 2017? Hasta el duelo 86 de la zafra, último duelo antes del parón del Juego de Estrellas (en el cual volvió a ser el camarero titular de la Liga Americana), el venezolano sacudió 116 imparables en 334 turnos, con 25 dobles, 2 triples y 13 jonrones. Altuve ha conseguido remolcar 50 carreras, pisó el plato en 62 oportunidades, se ponchó 46 veces, recibió 37 boletos y se estafó 18 almohadillas, para un promedio al bate de .347, el más alto del Joven Circuito hasta la fecha.

Dos zafras prácticamente iguales. Espectacularmente iguales.

Con estas cifras y con su equipo consolidado como uno de los dos mejores conjuntos de la campaña (Houston consiguió 60 triunfos en la primera mitad de temporada, uno menos que Dodgers de Los Ángeles), y sin Mike Trout de por medio -el jardinero tiene varias semanas fuera de acción por lesión-, Altuve coloca en la palestra una nueva candidatura a Jugador Más Valioso de la Liga Americana y se proyecta a un nuevo año con 200 o más indiscutibles, agrandando su leyenda y atornillándose en el sitial de honor entre los mejores bateadores del béisbol en la actualidad.

Héroes de carne y hueso

6 Martes | 2:32 pm

Carros, joyas, jet privado, mansiones... ¿Qué más podría pedir alguien en la vida? Ser deportista de élite trae consigo una serie de privilegios inalcanzables para la mayoría de nosotros, los "mortales". 

El deportista que consigue dar el brinco al estrellato, es buscado para realizar comerciales, dictar clínicas, apadrinar eventos de caridad, en fin, una vida llena de lujos. Pero, ¿de verdad es todo tan fácil? ¿Qué hay detrás de cada pelotero, futbolista, tenista? 

Pensando en la situación que vive Venezuela en estos momentos, con más de dos meses de un pueblo en las calles manifestando, pidiendo o exigiendo respuestas a sus dificultades, un puñado de deportistas, de distintas disciplinas, han levantado su voz para reprobar la violencia, la represión, la impunidad. Muchos de esos deportistas, estrellas allá donde estén, han sido criticados por un sector de los venezolanos quienes no comparten su "postura política", han sido criticados por el tiempo que tardaron en pronunciarse, han sido criticados por el mensaje, en fin, han sido criticados.

Otros no se han manifestado aún, por una razón u otra, y estos, como no podía ser de otra manera, también han sido defenestrados por un populacho que exige a sus "referentes" que se conviertan en una voz altisonante.

Pero, ¿quiénes somos nosotros para exigirles nada a ellos? Sus presidentes, dueños de clubes, entrenadores, ellos pueden exigirles rendimiento, a fin de cuentas son quienes pagan sus astronómicos salarios. Nosotros, la prensa, los fanáticos, los venezolanos, en general, solo deberíamos estar agradecidos por la infinidad de alegrías que estos atletas nos han regalado y que, en cierta forma, terminan convirtiéndose en bálsamo para tanto sufrimiento y preocupaciones.

Ellos, atletas de alto rendimiento, no tienen ninguna responsabilidad para con nosotros. Desde muy pequeños decidieron dedicar su vida al deporte. Sacrificaron momentos, fiestas, diversión, por entrenamientos, disciplina y preparación tanto física como mental. 

Esos que ahora brilla, debieron comerse las verdes muchas veces, salieron de abajo (en muchos de los casos), y pusieron todo el empeño para triunfar, para ser los mejores y llenar de orgullo a sus fanáticos, a su familia y a su país.

Ahora, con el éxito a cuestas, ellos deben cargar con la responsabilidad deportiva que ellos mismos se han colocado. Mantener el rendimiento, alcanzar metas deportivas, no defraudar a sus compañeros dentro de una cancha, y aparte, saben que no pueden cruzar una esquina sin ser seguidos, señalados observados. Es lo que tiene la fama.

Ahora bien, al momento de expresar su pesar por el país, de opinar, de exigir, lo hacen sin el uniforme puesto, lo hacen como venezolanos que sienten y padecen. Que tienen familia, hijos, padres, amigos y que, seguramente, a la distancia, se mantienen en vilo esperando que todo salga bien, sin poder hacer mucho al respecto.

Nuestros atletas, nuestros deportistas, nuestros Miguel Cabrera, Tomás Rincón, Roberto Rosales o Greivis Vásquez, son nuestros superhéroes, pero al salir de la cancha se convierten en Clark Kent, Peter Parker o Bruce Wayne, personas como tú o yo, nada más que eso.