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Martes 20 de Agosto de 2019

Cotilleo Deportivo

Foto: AP
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Informante despreciado por tenistas por denunciar corrupción

Miércoles 17| 1:45 pm


Marco Trungelliti debería sentirse bien por lo que hizo. El tenista argentino denunció la corrupción en el deporte, ayudando en la lucha contra las bandas de apostadores que manchan el tenis y declarando en contra de colegas deshonestos que fueron suspendidos en parte gracias a su colaboración.

El sudamericano de 29 años dice que está pagando un precio muy caro: Es despreciado por otros jugadores y el estrés afecta su salud y su juego.

Por si esto fuera poco, afirma que se siente abandonado por la cúpula del tenis y por los investigadores que combaten la corrupción. Obtuvieron todas las pruebas que pudieron, pero dice que no lo defendieron públicamente cuando otros empezaron a hablar mal de él, a cuestionar sus motivaciones y lo tildaron de soplón.

“Me usaron”, afirmó. “Y después me tiraron en el medio del mar”.

“Fue un desastre, un desastre total. En mi opinión, fue una de las peores investigaciones que he visto”, agregó. “Todavía lo estoy pagando”.

Trungelliti dio de qué hablar el año pasado cuando manejó mil kilómetros (600 millas) desde España con su hermano menor, su madre y su abuela de 88 años para jugar en el Abierto de Francia en Roland Garros, tras ser invitado a último momento para reemplazar a alguien lesionado. El argentino debutó derrotando 6-4, 5-7, 6-4, 6-4 al australiano Bernard Tomic a pesar de que cargaba sobre sus espaldas el peso de un gran secreto: Había sido testigo clave en un caso que involucró a tres compatriotas, a sabiendas de que en su país probablemente no caería bien su actitud.

El más conocido de los tres fue Nicolás Kicker, 84to en el ránking y el jugador de más alto rango condenado por arreglar partidos. La Unidad de Integridad en el Tenis (UIT), a cargo de combatir la corrupción, con 17 empleados y un presupuesto de 5 millones de dólares anuales, anunció que Kicker había sido hallado culpable de venderse tres días antes del inicio del Abierto de Francia, donde debía jugar. En ese momento, ni la UIT ni Trungelliti dieron indicio alguno del papel que había desempeñado el argentino en la pesquisa.

Posteriormente, sin embargo, Trungelliti notó que la actitud de sus colegas hacia él había cambiado. Incluso algunos que consideraba sus amigos le preguntaron por qué no se había callado la boca.

Contactada por The Associated Press, la UIT dijo que no podía hacer comentarios por una “vieja política de confidencialidad en relación con vistas disciplinarias y evidencias de testigos”.

Trungelliti dice que pidió varias veces a la UIT que saliese en su defensa, sin éxito.

“Por mi papel en el juicio, recibo todo tipo de insultos de jugadores y técnicos”, dijo el argentino en un correo electrónico enviado a la UIT en agosto. “Quieren manchar mi honor”.

La esposa del tenista, Nadir, dice que el estrés fue tal que a veces el jugador lloró por lo que estaba viviendo. Cuando iba a los torneos, lo único que pensaba era en volver a casa. Rompía raquetas. Reapareció una lesión en la espalda.

Pero no piensa callarse.

Trungelliti dice que el arreglo de partidos es algo bien conocido en el deporte y está empeorando.

“No son solo los jugadores. Hay muchos técnicos involucrados. Muchos. Más de lo que pensamos”, manifestó. “Si eres débil, te vendes. Es dinero fácil. Si lo piensas, son cien mil dólares por una hora de trabajo”.

Las pruebas le dan la razón.

Una investigación dispuesta por quienes manejan el tenis concluyó en diciembre que la corrupción asociada con las apuestas “es particularmente grave y generalizada” en los torneos Futures y Challenger de mediana categoría.

Las bandas de apostadores le apuntan a jugadores que, a diferencia de los grandes astros, ganan muy poco. En Bélgica, los investigadores dicen haber identificado a 137 jugadores de poco nombre, la mayoría de ellos de media docena de países, que se cree colaboraron con una banda armenia que pagaba entre 500 y 3000 euros (570 y 3.400 dólares) para arreglar partidos y sets. En junio y octubre se desbarataron otras dos operaciones de arreglo de partidos en España.

Trungelliti, quien hizo su denuncia primero a través del diario La Nación de Argentina, dice que se sintió obligado a hablar cuando en julio de 2015 lo contactó alguien que se hizo pasar por un potencial patrocinador. Cuenta que le escribió a la UIT, diciendo que el individuo le había “pedido que no abriese la boca”.

“Pero no puedo callarme porque detesto todo esto”, escribió. “Por favor díganme qué debo hacer. Tengo su nombre, su número de teléfono y algunas cosas que me dijo”.

Esas “cosas” resultaron explosivas.

En una entrevista de una hora con un investigador de la UIT y en una declaración de cuatro páginas, Trungelliti detalló meticulosamente lo que sabía. Dijo que el apostador que lo contactó le dio una escala de sobornos: de 2.000 a 3.000 dólares por arreglar partidos de la categoría Future; de 5.000 a 10.000 dólares por los torneos Challenger y de 50.000 a 100.000 dólares por los torneos de la ATP en lo que compiten los grandes astros.

El contacto le dijo que pagaba en efectivo y que se comunicaban vía mensajes de texto codificados, que podían ser borrados fácilmente. Mencionó también algunos jugadores que se habían vendido, entre ellos tres argentinos: Kicker, Patricio Heras y Federico Coria.

El contacto dijo sentirse particularmente “orgulloso” de un partido de un Challenger que había arreglado en Italia con Kicker, según la denuncia de Trungelliti a la UIT. Kicker perdió 6-1, 6-2 en 63 minutos ante el sudcoreano Duckhee Lee, que por entonces estaba 74 plazas debajo de Kicker en el ránking, 278.

Kicker cumple una suspensión de tres años.

Heras, quien llegó a estar 269 en la clasificación en el 2013, también fue suspendido por tres años, mientras que Coria fue inhabilitado por dos meses por no denunciar que le habían ofrecido dinero en julio del 2015 para perder en un torneo Future en Italia ni decir que lo habían contactado nuevamente un mes después para que entregase varios encuentros. La UIT indicó, no obstante, que Coria no aceptó dinero ni arregló partidos.

Por duras que hayan sido las consecuencias, Trungelliti asegura que volvería a hacerlo de nuevo. De hecho, denunció otro contacto que le hizo una banda de apostadores en el 2016.

Su declaración ante la UIT resume su pensamiento.

“Me encanta el tenis”, expresó. “Me entristece mucho el estado del tenis y el hecho de que se arreglen partidos con tanta frecuencia”. AP

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Informante despreciado por tenistas por denunciar corrupción

Miércoles 17| 1:45 pm

Marco Trungelliti debería sentirse bien por lo que hizo. El tenista argentino denunció la corrupción en el deporte, ayudando en la lucha contra las bandas de apostadores que manchan el tenis y declarando en contra de colegas deshonestos que fueron suspendidos en parte gracias a su colaboración.

El sudamericano de 29 años dice que está pagando un precio muy caro: Es despreciado por otros jugadores y el estrés afecta su salud y su juego.

Por si esto fuera poco, afirma que se siente abandonado por la cúpula del tenis y por los investigadores que combaten la corrupción. Obtuvieron todas las pruebas que pudieron, pero dice que no lo defendieron públicamente cuando otros empezaron a hablar mal de él, a cuestionar sus motivaciones y lo tildaron de soplón.

“Me usaron”, afirmó. “Y después me tiraron en el medio del mar”.

“Fue un desastre, un desastre total. En mi opinión, fue una de las peores investigaciones que he visto”, agregó. “Todavía lo estoy pagando”.

Trungelliti dio de qué hablar el año pasado cuando manejó mil kilómetros (600 millas) desde España con su hermano menor, su madre y su abuela de 88 años para jugar en el Abierto de Francia en Roland Garros, tras ser invitado a último momento para reemplazar a alguien lesionado. El argentino debutó derrotando 6-4, 5-7, 6-4, 6-4 al australiano Bernard Tomic a pesar de que cargaba sobre sus espaldas el peso de un gran secreto: Había sido testigo clave en un caso que involucró a tres compatriotas, a sabiendas de que en su país probablemente no caería bien su actitud.

El más conocido de los tres fue Nicolás Kicker, 84to en el ránking y el jugador de más alto rango condenado por arreglar partidos. La Unidad de Integridad en el Tenis (UIT), a cargo de combatir la corrupción, con 17 empleados y un presupuesto de 5 millones de dólares anuales, anunció que Kicker había sido hallado culpable de venderse tres días antes del inicio del Abierto de Francia, donde debía jugar. En ese momento, ni la UIT ni Trungelliti dieron indicio alguno del papel que había desempeñado el argentino en la pesquisa.

Posteriormente, sin embargo, Trungelliti notó que la actitud de sus colegas hacia él había cambiado. Incluso algunos que consideraba sus amigos le preguntaron por qué no se había callado la boca.

Contactada por The Associated Press, la UIT dijo que no podía hacer comentarios por una “vieja política de confidencialidad en relación con vistas disciplinarias y evidencias de testigos”.

Trungelliti dice que pidió varias veces a la UIT que saliese en su defensa, sin éxito.

“Por mi papel en el juicio, recibo todo tipo de insultos de jugadores y técnicos”, dijo el argentino en un correo electrónico enviado a la UIT en agosto. “Quieren manchar mi honor”.

La esposa del tenista, Nadir, dice que el estrés fue tal que a veces el jugador lloró por lo que estaba viviendo. Cuando iba a los torneos, lo único que pensaba era en volver a casa. Rompía raquetas. Reapareció una lesión en la espalda.

Pero no piensa callarse.

Trungelliti dice que el arreglo de partidos es algo bien conocido en el deporte y está empeorando.

“No son solo los jugadores. Hay muchos técnicos involucrados. Muchos. Más de lo que pensamos”, manifestó. “Si eres débil, te vendes. Es dinero fácil. Si lo piensas, son cien mil dólares por una hora de trabajo”.

Las pruebas le dan la razón.

Una investigación dispuesta por quienes manejan el tenis concluyó en diciembre que la corrupción asociada con las apuestas “es particularmente grave y generalizada” en los torneos Futures y Challenger de mediana categoría.

Las bandas de apostadores le apuntan a jugadores que, a diferencia de los grandes astros, ganan muy poco. En Bélgica, los investigadores dicen haber identificado a 137 jugadores de poco nombre, la mayoría de ellos de media docena de países, que se cree colaboraron con una banda armenia que pagaba entre 500 y 3000 euros (570 y 3.400 dólares) para arreglar partidos y sets. En junio y octubre se desbarataron otras dos operaciones de arreglo de partidos en España.

Trungelliti, quien hizo su denuncia primero a través del diario La Nación de Argentina, dice que se sintió obligado a hablar cuando en julio de 2015 lo contactó alguien que se hizo pasar por un potencial patrocinador. Cuenta que le escribió a la UIT, diciendo que el individuo le había “pedido que no abriese la boca”.

“Pero no puedo callarme porque detesto todo esto”, escribió. “Por favor díganme qué debo hacer. Tengo su nombre, su número de teléfono y algunas cosas que me dijo”.

Esas “cosas” resultaron explosivas.

En una entrevista de una hora con un investigador de la UIT y en una declaración de cuatro páginas, Trungelliti detalló meticulosamente lo que sabía. Dijo que el apostador que lo contactó le dio una escala de sobornos: de 2.000 a 3.000 dólares por arreglar partidos de la categoría Future; de 5.000 a 10.000 dólares por los torneos Challenger y de 50.000 a 100.000 dólares por los torneos de la ATP en lo que compiten los grandes astros.

El contacto le dijo que pagaba en efectivo y que se comunicaban vía mensajes de texto codificados, que podían ser borrados fácilmente. Mencionó también algunos jugadores que se habían vendido, entre ellos tres argentinos: Kicker, Patricio Heras y Federico Coria.

El contacto dijo sentirse particularmente “orgulloso” de un partido de un Challenger que había arreglado en Italia con Kicker, según la denuncia de Trungelliti a la UIT. Kicker perdió 6-1, 6-2 en 63 minutos ante el sudcoreano Duckhee Lee, que por entonces estaba 74 plazas debajo de Kicker en el ránking, 278.

Kicker cumple una suspensión de tres años.

Heras, quien llegó a estar 269 en la clasificación en el 2013, también fue suspendido por tres años, mientras que Coria fue inhabilitado por dos meses por no denunciar que le habían ofrecido dinero en julio del 2015 para perder en un torneo Future en Italia ni decir que lo habían contactado nuevamente un mes después para que entregase varios encuentros. La UIT indicó, no obstante, que Coria no aceptó dinero ni arregló partidos.

Por duras que hayan sido las consecuencias, Trungelliti asegura que volvería a hacerlo de nuevo. De hecho, denunció otro contacto que le hizo una banda de apostadores en el 2016.

Su declaración ante la UIT resume su pensamiento.

“Me encanta el tenis”, expresó. “Me entristece mucho el estado del tenis y el hecho de que se arreglen partidos con tanta frecuencia”. AP

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